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Campana, Buenos Aires, Argentina

lunes, 24 de enero de 2011

Instalan un nuevo dispositivo para monitorear el ozono



Duplica el alcance de las mediciones que se realizaban hasta ahora

Fabiola Czubaj
LA NACION


Luego de recorrer dentro de un contenedor los 5700 kilómetros de rutas que unen la puna de Atacama con Río Gallegos, un sofisticado instrumento para monitorear la capa de ozono llegó a destino: el Observatorio Atmosférico que funciona en la base aérea militar de esa ciudad patagónica.

Desde allí, donde un equipo de científicos mide constantemente el estado de salud de nuestra atmósfera, este nuevo radiómetro de ondas milimétricas permitirá duplicar la capacidad de los controles que la estación realiza e intercambia con los principales centros del mundo especializados en el estudio del cambio climático, la radiación ultravioleta, el impacto de rayos y hasta los aerosoles, partículas suspendidas en el aire (como cenizas, polvo, cristales de sal oceánica o esporas) y que influyen tanto en la salud de la población como en el clima.

Este instrumento, perteneciente a la Universidad de Nagoya, Japón, intercambia información en forma de energía con las moléculas de este gas atmosférico que filtra los rayos ultravioletas (UV) del sol y es clave para la vida en la Tierra.

"El radiómetro mide los perfiles de ozono con un alcance de entre 30 y 80 kilómetros de altura, lo que nos permitirá ampliar el alcance de las mediciones que realizamos con nuestro láser Lidar entre los 8 y los 40 kilómetros de altura. Ambos son instrumentos complementarios: el Lidar mide en noches claras y sin nubes, mientras que el radiómetro de ondas milimétricas puede hacerlo todos los días", explicó a La Nacion el doctor Eduardo Quel, director del Centro de Investigaciones en Láseres y Aplicaciones (Ceilap), que pertenece al Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (Ministerio de Defensa) y forma parte del Conicet.

El Observatorio Atmosférico, donregulamente trabajan dos científicos argentinos de la División Lidar, del Ceilap, y dos japoneses, recibe durante el año investigadores de los principales centros mundiales y nacionales. Cuenta con una decena de instrumentos de censado pasivo y activo cedidos por institutos de nuestro país, Francia, Brasil, Estados Unidos y Japón. El doctor en física Elián Wolfram viaja a la estación durante el año para reunir los datos que, luego, analizarán en la División Lidar, en Villa Martelli ( www.division-lidar.com.ar ).

"La estación la fuimos haciendo a pulmón desde 2005 -comentó por vía telefónica desde Río Gallegos el ingeniero electrónico Jacobo Salvador, que es el responsable operativo de los instrumentos-. En estos años, el observatorio creció no sólo en cantidad de instrumentos, sino también en infraestructura y en trabajos en colaboración con otros grupos."


Un refuerzo técnico

En este caso, la asistencia técnica de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) fue fundamental. En diciembre del año pasado, el proyecto conjunto del Ceilap y de la Universidad de Magallanes (Chile) recibió este "refuerzo" técnico para ampliar la capacidad de trabajo con el traslado del radiómetro que la Universidad de Nagoya había enviado inicialmente a una estación chilena en la puna de Atacama. Con el contenedor al aire libre que aloja este nuevo instrumento, se instaló una unidad de alimentación eléctrica y refrigeración. Es que este radiómetro, único en América del Sur, funciona a 274°C ¡bajo cero!

La elección del lugar no fue azarosa. Cuando el agujero de la capa de ozono se desplaza hacia el continente (su centro está sobre la base japonesa de la Antártida), el borde pasa algunas veces sobre la ciudad de Río Gallegos. "La falta de ozono aumenta la llegada de los rayos UV a la superficie terrestre -agregó Quel-. Como este equipo realiza mediciones constantes, vamos a obtener información siempre que ese borde llegue al continente."

Este equipo de vigilancia de alto rendimiento cuenta con un detector muy sensible para monitorear la energía (de baja intensidad y alta frecuencia) que emiten las moléculas de ozono en su interacción con el sol.

"Ahora, podemos conocer no sólo el valor total del ozono, sino también su distribución en altura, es decir, en el límite de la estratosfera con la mesosfera -señaló Salvador, que está finalizando su doctorado en ingeniería en la UTN-. En la primavera, el agujero de la capa de ozono crece y gira, por lo que en octubre y noviembre su borde puede tocar nuestra Patagonia. Junto con el láser Lidar, vamos a producir datos hasta una altura en la atmósfera que hasta ahora no se medía."

Pero no todo lo que produce el observatorio es para científicos: un solmáforo instalado en el centro de Río Gallegos "traduce" en colores el nivel de radiación detectado. "Cuando se reduce el ozono en la estratosfera, crece el índice UV. Vemos aumentos notables que, en el contexto del país, aún no son tan altos en el Sur", precisó Salvador desde la estación.

La Nación
Lunes 24 de Enero de 2011

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