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martes, 20 de diciembre de 2011

Buenos Aires hace honor a su nombre

La Nación (Argentina) / Por Laura Rocha *

La atmósfera porteñaEs una de las ciudades con menos contaminación de América latina y del mundo

Créase o no, la ciudad de Buenos Aires parece que puede hacerle honor a su nombre: está entre las metrópolis del mundo en las que se respira mejor.

A pesar del creciente peso del tránsito automotor y de la cantidad de habitantes que diariamente ingresan y circulan por sus calles, la concentración de los contaminantes en la atmósfera porteña hace que las bocanadas de aire sean más saludables, mucho más saludables, que en México Distrito Federal, Santiago, Chile; Bogotá o San Pablo.

Un nuevo estudio de la OMS que mide la polución atmosférica indica que la Reina del Plata registra material particulado contaminante (PM10) en el nivel más bajo de la región, ampliamente superada por Bogotá, la más afectada; Santiago (Chile), México DF y San Pablo, con índices de esmog más altos.

Aunque el organismo internacional indica que la media anual ideal de estas partículas debería ser de 20 microgramos por metro cúbico, los registros de la ciudad de Buenos Aires están entre los que no representan daños para la salud. De los 15 países de América latina analizados, Chile es el cuarto con mayor nivel de material particulado en la atmósfera con 62 microgramos por metro cúbico (Ug/m3), superado por Bolivia (82), Perú (74) y Colombia (71). Costa Rica cuenta con el nivel más bajo, con 28 ug/m3.

Lo curioso del fenómeno en la Capital es que no obedece a políticas públicas sustentables o prácticas ecológicas por parte de la población. La razón por la que la ciudad goza de una buena calidad de aire se explica casi exclusivamente por la naturaleza: la ubicación geográfica de la urbe, sumada a las condiciones meteorológicas, hace que la contaminación que se genera diariamente se disipe sin provocar altas concentraciones, nocivas para la salud.

Así también lo demuestran las mediciones oficiales locales, que dan cuenta de que los gases que se miden en el ámbito porteño -dióxido de carbono, óxidos de nitrógeno y ozono- y el material particulado en suspensión no superan los límites impuestos por la normativa.

Sin embargo, los expertos y los vecinos consultados advierten que la polución por la mayor concentración de edificios y la gran cantidad de automotores no se va con el viento y que la contaminación del aire es un tema que debe atenderse. Especialmente por cómo afecta al sistema respiratorio de las poblaciones vulnerables, los niños y los adultos mayores.

EMISIONES

"Aunque la magnitud de las emisiones es muy importante, los vientos y el mayor caudal de precipitaciones hacen que la contaminación atmosférica no sea un asunto de relevancia. Eso no significa que no haya que atender el problema. Incluso habría que preguntarse si no es necesario un sistema de monitoreo más amplio", sugirió la investigadora y meteoróloga de la UBA Paula Martin.

La Agencia de Protección Ambiental porteña (APRA) cuenta con un sistema constante de monitoreo en cuatro puntos de la ciudad. Aunque los niveles de concentración de los gases están lejos de superar los estándares establecidos por la ley, los mayores valores se producen los días de semana durante las horas pico, entre las 7 y las 9 y entre las 18 y las 20.

Las modelizaciones y los mapas realizados por la autoridad ambiental dan cuenta de que las zonas más perjudicadas por la contaminación son los barrios del centro de la ciudad, con un leve aumento en estaciones de transferencia, como la de la zona de Once, la de Retiro y la de Constitución.

"México DF, por ejemplo, tiene grandes problemas con el material particulado en suspensión. En Buenos Aires, no superó los estándares, salvo por la crisis de las cenizas. Por eso tienen desarrollada su red de monitoreo", apuntó Javier Corcuera, biólogo y presidente de la APRA. En el mismo sentido trabaja Santiago de Chile, que ha mejorado el nivel de contaminación que tenía hace 10 años, pero que sigue siendo elevado. "Ellos tienen un gran problema con el ozono", agrega el funcionario. En la ciudad esos índices son mínimos.

Chile, que tiene varias ciudades con problemas de esmog, además de la geografía, padece las consecuencias del uso del carbón vegetal como combustible.

En la ciudad de Buenos Aires los culpables de que el aire esté contaminado son, principalmente, los automóviles y el transporte público. También afectan a la atmósfera las emisiones de las centrales térmicas que generan energía eléctrica y, en menor medida, las industrias. Por supuesto que la gran cantidad de edificios también hace de barrera a los vientos y genera islas de calor y de esmog.

En ese sentido, el urbanista Andrés Borthagaray señaló: "No podemos confiarnos en la geografía. El tema de la contaminación atmosférica aparece progresivamente en la agenda. Y hay algunos elementos para mejorar la situación. Creo que, por ejemplo, deberíamos tener en cuenta que contamos con una red ferroviaria de 800 km que permitirían disminuir el nivel de emisiones y ostentar eficiencia energética, pero la aprovechamos muy mal".

EFECTOS NOCIVOS

Los efectos de las altas concentraciones de contaminantes en la salud son graves: a los problemas respiratorios se pueden sumar mareos y hasta náuseas. A las poblaciones vulnerables, como las personas que sufren problemas respiratorios, puede agravar sus cuadros y hasta provocarles la muerte.

Según la OMS, a nivel planetario, más de 1,3 millones de muertes se producen al año por causa directa de la contaminación ambiental en las ciudades, mientras que 2 millones de personas mueren por otros problemas de polución. "Bastaría con reducir los niveles de partículas en suspensión para evitar más de un millón de estas muertes", se indica en el informe oficial divulgado en septiembre pasado.

El estudio internacional indica que de 91 países sólo 11 cumplen con los niveles recomendados por la entidad y que de 1081 ciudades revisadas sólo 483 son "saludables".

La ciudad y su calidad de vida están estrechamente ligadas a su atmósfera. Y no sólo en este siglo, en el que medimos la contaminación y las emisiones de efecto invernadero.

"En el siglo XIX la contaminación se relacionaba con los olores nauseabundos. Es por eso que las primeras epidemias de cólera y luego de fiebre amarilla fueron atribuidas a la pestilencia originada por la actividad de mataderos y saladeros de la orilla del Riachuelo", explicó el ambientalista Elio Brailovsky.

"El problema, hoy, son los autos. Pero la contaminación del aire es un problema que, en general, se tiende a subestimar. Yo me preguntaría si los estándares que tenemos hoy de calidad no son demasiado bajos", agregó.

La ciudad vivió dos grandes crisis en los últimos años: la quema de pastizales en el Delta, en abril de 2008, y la crisis que provocó la emanación de cenizas, en junio y julio de este año. El nivel de peligrosidad del material particulado en suspensión también depende del tamaño de este material. Sólo un par de días se recomendó el uso de barbijos a la población vulnerable.

Un creciente cuerpo de investigación apoya la responsabilidad de los contaminantes del aire ambiental en la agravación de enfermedades crónicas de las vías respiratorias y sugiere que la polución puede tener un papel importante en el desarrollo de muchas de estas enfermedades.

Si revisamos las bases biológicas de la vulnerabilidad a contaminantes del aire exterior veremos la importancia prevalente del ozono, el plomo, el benceno, el óxido de nitrógeno, el monóxido de carbono, el dióxido de azufre y las partículas en suspensión inferiores a 10 micrones de diámetro. Todas estas sustancias tienen efectos perjudiciales en la salud y se encuentran en el aire que respiramos en las ciudades, originadas en maquinarias, aire acondicionados, motores y principalmente automóviles, o cualquier vehículo que elimine gases dañinos al ambiente.

La exposición a altas concentraciones por un corto período de tiempo puede contraer los bronquios y aumentar la secreción de mucosidad, haciendo que la respiración se torne muy dificultosa. Estos efectos inciden negativamente en todos los individuos, pero son mucho más perjudiciales para los niños, las personas mayores y los pacientes bronquiales crónicos o asmáticos.

Otros factores que contribuyen a la generación de polución son la quema de pastizales y la ceniza volcánica, ya que dependiendo de las condiciones meteorológicas, generan partículas en suspensión que poseen un importante poder irritógeno en todas las mucosas, lo que provoca picazón de ojos (conjuntivitis), tos seca (traqueítis), además de los síntomas respiratorios ya mencionados.

En urbes muy polucionadas como Hong Kong, México DF y Santiago de Chile, tiene gran importancia etiológica su densidad demográfica y sus condiciones geográficas, circunstancias muy difíciles de modificar, pero el factor que podría controlar la polución ambiental es sin duda la toma de conciencia general sobre los factores que la generan, comenzando con el sistema de escape de los automóviles y su uso desmedido.

La ciudad de Buenos Aires, a pesar de tener una población fluctuante que supera los 12 millones de personas, afortunadamente cuenta con un parque automotor relativamente moderno, lo que morigera la emisión de contaminantes y, por otro lado, se va imponiendo el uso del transporte público, lo que también contribuye a disminuir las fuentes de polución.

* Director científico de la Asoc. Arg. de Alergia e Inmunología Clínica

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